Mazzacane, el 92% y las dos frases peronistas que se le volvieron en contra

El presidente de la ACTC suele repetir que “la única verdad es la realidad” y que “mejor que decir es hacer”. El problema es que, aplicadas a su reclamo para que la entidad sea reconocida por la FIA, esas dos consignas explican mucho mejor el límite de su poder que su fortaleza.

A Hugo Mazzacane, presidente de la Asociación Corredores Turismo Carretera, le gustan mucho dos frases asociadas al peronismo. Una es “la única verdad es la realidad”. La otra, “mejor que decir es hacer”. Las repite con frecuencia porque son breves, contundentes y funcionan muy bien para transmitir la imagen de un dirigente que prefiere los hechos a los discursos. El problema con esta clase de sentencias es que no admiten un uso selectivo. También sirven cuando la realidad contradice el relato y cuando lo que se hizo no produjo el resultado que se esperaba.

Eso fue exactamente lo que ocurrió esta semana. Mazzacane afirmó que la ACTC maneja el 92% del automovilismo nacional y, a partir de ese supuesto dominio, reclamó que sea reconocida como la entidad que conduce la actividad en el país.

El porcentaje hizo ruido. Era inevitable. Un 92% impresiona, aunque nadie haya explicado todavía cómo se llegó a esa cifra ni qué se contó para obtenerla. Pero el número, en el fondo, es lo de menos. La palabra verdaderamente importante fue otra: reconocida. Porque quien pide reconocimiento está admitiendo que no lo tiene.

“LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD”

Hugo Mazzacane
Foto: Prensa ACTC.

Empecemos por darle la razón a Mazzacane. La ACTC tiene un poder enorme dentro del automovilismo argentino, principalmente por el Turismo Carretera. Se trata de la categoría más popular del país, reúne a grandes pilotos, sus equipos invierten millones de pesos cada vez que corren y llena autódromos. Negarlo sería absurdo.

Esa es una parte de la realidad. La otra es menos conveniente para el discurso del moderno edificio de la calle Bogotá: la ACTC no es la Autoridad Deportiva Nacional reconocida por la Federación Internacional del Automóvil. Ese lugar le corresponde al Automóvil Club Argentino.

No es una opinión, ni una preferencia personal, ni una condecoración que el ACA ganó por simpatía. Es la estructura vigente del automovilismo internacional. El Código Deportivo Internacional establece que la FIA reconoce a una sola autoridad por país para aplicar sus normas y ejercer el Poder Deportivo. En la Argentina, esa autoridad es el ACA.

Se puede criticar al ACA. De hecho, hay mucho para discutir sobre su gestión, su capacidad de reacción y la forma en que administró el automovilismo durante distintas etapas. Tener el reconocimiento de la FIA no lo convierte en una institución infalible ni obliga a aplaudir cada una de sus decisiones. Pero una cosa es cuestionar cómo ejerce su autoridad y otra muy distinta actuar como si esa autoridad hubiera dejado de existir.

La visita de Mohammed Ben Sulayem a Buenos Aires volvió a dejarlo claro. El presidente de la FIA participó del Congreso Americano organizado por el ACA, se mostró con sus autoridades y fue recibido por el presidente Javier Milei dentro de esa agenda institucional. La ACTC, pese al volumen que asegura representar, quedó afuera de la fotografía.

No hizo falta que Ben Sulayem pronunciara un discurso sobre el conflicto argentino. La imagen alcanzó. A veces la política también se expresa mediante la distribución de las sillas y, en esa mesa, el lugar reconocido por la FIA siguió ocupado por el ACA.

Si la única verdad es la realidad, esa foto es parte de la realidad. No la única, desde luego, pero sí una que el 92% no consiguió modificar.

EL RECONOCIMIENTO QUE MAZZACANE YA CONOCIÓ

ACTC
Foto: prensa ACTC.

Hay un detalle que vuelve mucho más incómodo el reclamo: Mazzacane conoce perfectamente el sistema y sabe cómo funciona la FIA. Durante gran parte del siglo XXI, la ACTC actuó dentro de esa estructura gracias a las facultades delegadas por el ACA. Ese acuerdo le dio un marco institucional reconocido por la ADN a la autofiscalización que la entidad teceísta había iniciado en 1979.

La carta del 17 de abril de 2001, firmada por Oscar Aventin y por el propio Mazzacane, no deja demasiado margen para reinterpretaciones creativas. Allí la ACTC reconocía expresamente al Automóvil Club Argentino como titular del Poder Deportivo nacional e internacional.

Las firmas tienen una costumbre bastante antipática: permanecen en el papel mucho después de que cambia el discurso.

Durante años, esa fórmula permitió que cada entidad ocupara su lugar. El ACA conservaba la representación ante la FIA y la ACTC administraba sus categorías con un amplio margen de autonomía. No era un matrimonio perfecto, pero funcionó hasta que la expansión de la ACTC dejó de respetar los límites de aquella delegación.

Cuando la entidad incorporó al Turismo Nacional y al Turismo Pista sin una nueva autorización, el ACA retiró las facultades delegadas. La ruptura no borró la historia anterior ni modificó el Código Deportivo Internacional. Simplemente dejó a la ACTC fuera de un sistema al que había pertenecido y cuyas reglas conocía perfectamente.

Por eso, el reclamo actual no apunta a conseguir algo completamente nuevo. Mazzacane busca recuperar el reconocimiento institucional que la ACTC tuvo mientras actuó bajo la autoridad delegada del ACA y que perdió cuando decidió avanzar por fuera de ese marco. En aquella ruptura también pudo influir la decisión del ACA de regular el otorgamiento de licencias de la Federación Metropolitana, cuya actividad se concentra en el Autódromo de La Plata, un escenario al que Mazzacane estuvo históricamente ligado…

Hasta aquí llega el contexto documental, que ya fue desarrollado en otra nota de Automundo. Lo interesante empieza ahora: la ACTC pareció convencerse de que acumular categorías terminaría obligando a la FIA a reconocer una nueva realidad. Si controlaba una porción suficientemente grande del automovilismo, la cantidad acabaría reemplazando al reglamento. Pero eso no ocurrió.

“MEJOR QUE DECIR ES HACER”

Hugo Mazzacane
Foto: Prensa ACTC.

También en este punto conviene tomar en serio la otra frase preferida de Mazzacane. La ACTC hizo. Y vaya si hizo. Captó categorías, creó campeonatos, emitió licencias, amplió su calendario y construyó una estructura deportiva capaz de funcionar al margen del ACA. Desde la lógica del poder local, el resultado fue exitoso. Nunca tuvo tanta influencia. Pero hacer mucho no garantiza haber hecho lo necesario para alcanzar el objetivo que ahora se reclama.

La estrategia del hecho consumado sirvió para ganar territorio, no para conseguir legitimidad internacional. La FIA no entrega el Poder Deportivo mediante una encuesta de popularidad ni revisa la identidad de sus miembros cada vez que una entidad suma un campeonato. Su Código reconoce a una autoridad por país y permite que esa autoridad delegue facultades, con aprobación del organismo internacional.

Puede gustar o no. Puede parecer un sistema antiguo, rígido o poco representativo de la realidad argentina. Sin embargo, es el sistema al que Mazzacane quiere que la ACTC ingrese. Y no se puede pedir el reconocimiento de una institución mientras se consideran prescindibles las reglas con las que esa institución reconoce.

El reconocimiento no llega envuelto para regalo; viene acompañado por un reglamento. Eso supone aceptar normas, procedimientos, controles y decisiones que no siempre quedarán dentro de la propia casa, como hasta ahora… También obliga a establecer con claridad cómo se tramitan las licencias, quién autoriza las competencias, cuáles son las instancias de protesta y apelación y qué ocurre cuando una resolución deportiva debe ser revisada por una autoridad superior.

Porque cuanto mayor es el poder, menos debería molestar el control. Salvo, claro, que lo que se pretenda sea el sello de la FIA sin las obligaciones que trae pegadas.

Por eso, si de verdad cree que mejor que decir es hacer, Mazzacane debería explicar qué está dispuesto a hacer para obtener el reconocimiento que reclama. ¿Volvería a aceptar la autoridad del ACA? ¿Negociaría una nueva delegación? ¿Se sometería al Código Deportivo Internacional sin elegir solamente los artículos que le resultan cómodos? ¿Aceptaría que algunas decisiones pudieran revisarse fuera de la ACTC? Esas respuestas valdrían bastante más que cualquier porcentaje.

CUANDO UNA ASOCIACIÓN EMPIEZA A CONTAR TERRITORIO

ACA vs ACTC

El 92% también deja flotando otra cuestión. La ACTC nació como una asociación destinada a representar a los pilotos frente a los organizadores. Con el paso del tiempo se transformó en algo muchísimo más grande: organiza, fiscaliza, sanciona, comercializa y ahora exhibe como medida de éxito la porción del automovilismo que asegura controlar.

El crecimiento no es, por sí mismo, un problema. La ACTC demostró una enorme capacidad para sostener categorías, convocar público y conservar una identidad popular que muchas estructuras envidian. Sería necio no reconocerlo. Pero cuando una asociación empieza a hablar en términos de territorio, porcentajes y dominio, también debería explicar de qué manera ese poder mejora la participación de sus asociados y protege a quienes compiten bajo su estructura.

Controlar no es necesariamente representar. Tener más categorías no garantiza escuchar mejor. Emitir más licencias tampoco demuestra que existan mejores mecanismos para revisar una decisión o discutir una sanción.

Si el 92% fuera correcto, la cifra no debería clausurar las preguntas. Debería multiplicarlas. Cuanto más grande es una organización, más necesarios resultan la transparencia, los límites y las instancias de control. De lo contrario, aquello que comenzó como una asociación corre el riesgo de parecerse demasiado a un imperio. Y los imperios suelen ser muy eficientes para expandirse, aunque bastante menos entusiastas cuando alguien intenta ponerles límites.

LA CONTRADICCIÓN QUE EL 92% NO PUEDE RESOLVER

ACTC vs equipos
Foto: Prensa ACTC.

Mazzacane tiene todo el derecho a sostener que la ACTC representa mejor la actualidad del automovilismo argentino. Puede cuestionar al ACA, proponer otro modelo y trabajar para cambiar la estructura vigente. Incluso podría intentar convencer a la FIA de que modifique una regla que aplica en todo el mundo.

Lo que no puede es presentar el tamaño de la ACTC como si fuera un reemplazo automático de la institucionalidad. El 92%, aun si estuviera perfectamente calculado, demostraría poder de hecho. No concede Poder Deportivo. Ahí es donde sus dos frases favoritas se le vuelven en contra.

La única verdad es la realidad: la ACTC domina una parte enorme del automovilismo nacional, pero el ACA sigue siendo la autoridad reconocida por la FIA. Las dos afirmaciones son ciertas y ninguna desaparece porque incomode a uno de los protagonistas.

Mejor que decir es hacer: si la ACTC quiere reconocimiento, deberá negociar, aceptar reglas y definir qué límites está dispuesta a respetar. Si prefiere conservar la autonomía que construyó por fuera del sistema, tendrá que asumir que esa libertad también tiene un costo.

No se puede reclamar independencia y, al mismo tiempo, exigir la legitimidad de la estructura de la que uno decidió independizarse. O, al menos, no se puede hacer sin explicar cómo se piensa resolver semejante contradicción.

Por eso el 92% terminó siendo casi anecdótico. Lo más revelador de la declaración no fue la cifra, sino la confesión que vino detrás. Mazzacane quiere que la ACTC sea reconocida porque sabe que, pese a todas las categorías que incorporó y todo el poder que acumuló, todavía le falta algo que no pudo conseguir por la vía de los hechos.

La ACTC ganó territorio. Muchísimo. Pero el reconocimiento sigue en otro escritorio. Y esa, por más incómoda que resulte, también es la realidad.

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Diego Durruty

Soy un periodista con más de 35 años en el ruedo. Arranqué en revistas como CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, pero también me aventuré en el mundo digital en SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com. Si eso no te sorprende, también me escuchaste en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Ah, y no puedo olvidar mis coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. Hoy en día escribo en Automundo.com.ar y para que no se me escape nada, también conduzco los magazines Dos Tipos Audaces y Motorix en YouTube. ¡No hay quién me pare, amigo!

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